Empieza septiembre, nuevo curso y contexto de incertidumbre. ¿Tomamos nuestras decisiones financieras de forma racional?

La salud de nuestras finanzas personales depende en buena medida de lo acertadas que sean las decisiones que tomemos, en el día a día, y a lo largo de nuestra vida. Ya sea para hacer la compra o llevar a cabo cualquier otro gasto cotidiano, como a la hora de contratar un préstamo, una hipoteca, o de elegir dónde invertir nuestros ahorros, no siempre aplicamos criterios de racionalidad económica y solemos caer en sesgos de conducta que, a la larga, pueden ser perjudiciales para nuestro equilibrio financiero. Por ello, es fundamental tener unos principios básicos de educación financiera desde pequeños y dejarse asesorar por expertos, que nos ayudarán a tomar conciencia de la influencia de esos componentes psicológicos y a corregirlos para llegar a adoptar la decisión óptima.

Septiembre por el principio de curso, enero por el año que empieza, el verano por las vacaciones, la Navidad, muchas veces, por el exceso de gasto… Desde luego, lejos de ser momentos excluyentes, parece que todos ellos son apropiados para la toma de decisiones financieras, por lo que, desde Finanzas para Mortales, queremos mostrarte en este inicio de curso 2022-2023 a qué nos referimos y darte algunas claves sencillas para no apartarnos de nuestros objetivos financieros.

¿Qué es eso de la economía conductual o psicología económica?

Durante décadas, la teoría económica tradicional y los modelos financieros de toma de decisiones se basaban en que los individuos adoptan sus decisiones de acuerdo a dos hipótesis principales: los inversores son racionales (prefieren más rentabilidad para el mismo nivel de riesgo), y los mercados tienden a ser eficientes, ya que reflejan toda la información en los precios de los activos financieros.

Sin embargo, el comportamiento del ser humano, del inversor, no es una ciencia exacta, y estudios sobre el modo en el que funciona el cerebro humano, demuestran que la toma de decisiones está condicionada por la manera en la que percibimos la realidad y, sobre todo, la interpretación que hacemos de la misma. Es imposible racionalizarlo todo, ni siquiera seguramente sea bueno, y además no sería posible llevarlo al límite puesto que el tiempo que requeriría tomar cada decisión analizando todas las variables de la vida cotidiana, sería desde todo punto de vista, impracticable.

Así, la parte más matemática asociada a las decisiones (rentabilidad y riesgo, pero también liquidez, horizonte temporal), se ha visto enriquecida por las aportaciones de otras disciplinas como la psicología, dando lugar a un desarrollo de la economía conductual (behavioral finance) que tiene en cuenta aquellos aspectos menos sutiles que hay detrás de las decisiones financieras, considerando que las emociones y la intuición tienen un papel fundamental en este proceso.

Son temas muy trabajados en todos los ámbitos económicos, pero hay mucha evidencia en los mercados financieros, por ejemplo, por lo que os recomendamos acceder a la Guía publicada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) “Psicología económica para inversores”, en la que se desarrollan estos temas de manera muy accesible y se define la economía conductual de la siguiente manera:

La economía conductual o psicología económica estudia los comportamientos humanos reales en un mundo real para desarrollar, a partir de ello, modelos económicos más precisos y prácticos que los facilitados por la teoría económica convencional.

https://www.cnmv.es/DocPortal/Publicaciones/Guias/Psicologia_economica_para_inversores.pdf

Veamos algunos de esos sesgos, seguro que nos identificamos en más de uno.

Siguiendo la guía de la CNMV, nos atrevemos a señalar los que nos parecen más cotidianos;

1.- Exceso de Confianza:

Seamos conscientes de que la mayoría de las decisiones financieras requieren asumir un cierto grado de riesgo e incertidumbre, cuestiones que en muchos casos no son controlables por nosotros; como puede ser actualmente la evolución de los tipos de interés o de la inflación, que además nos afectan en nuestro día a día.

En definitiva, la tendencia a pensar que tenemos más conocimientos de los reales y a sobreestimar los juicios personales, quizás basados exclusivamente en nuestra experiencia, puede generar un exceso de confianza y llevar al inversor a considerar que la probabilidad de que su inversión fracase es menor de lo que realmente es. Infravalorar situaciones de riesgo o, por el contrario, sobrevalorar expectativas de ganancias, es un sesgo muy importante y depende del carácter de las personas.

El asesoramiento, insistir en analizar opciones alternativas y obligarnos a hacer un balance de pros y contras, es un buen consejo para aquellos que se dejan llevar por un exceso de optimismo.

2.- Aversión a las pérdidas:

Este sesgo hace referencia a la tendencia a considerar que las pérdidas pesan más que las ganancias. En los mercados financieros, hay evidencia empírica a la mayor sobrerreacción a las malas noticias, situaciones que llevan a lo que se conoce como el pánico financiero y que pueden generar un efecto dominó. En el caso de las inversiones, un sesgo emocional puede generar que, con tal de no incurrir en pérdidas, mantengamos una inversión que, desde un punto de vista racional se ve con pocas perspectivas de recuperación.

3.- Sesgo de confirmación:

Este sesgo, muy estudiando desde la psicología, nos parece destacable en la toma de decisiones financieras y sobre todo peligroso en materia de endeudamiento. Consiste en interpretar la información recibida de manera que nos lleve a buscar información nueva, sesgando sólo aquella que corrobore nuestra convicción o idea preconcebida. Esto nos lleva a buscar información de modo selectivo que respalde nuestra intuición, en lugar de buscar opiniones más críticas que, a priori, podrían quitarnos esa ilusión inicial.

4.- Sesgo de autoridad:

No son pocas las veces que nos dejamos influir y estimamos en exceso las opiniones de determinadas personas, o medios de comunicación, redes, etc., por el hecho de quiénes son (si lo dice fulanito o lo pone en tal medio tendemos a confiar más). Esto está también relacionado en muchas ocasiones con otro sesgo, el denominado sesgo social, que es una tendencia a imitar las acciones que están realizando otras personas, en nuestro caso, otros inversores, porque creemos que siempre hacen lo correcto.

Debemos tener presente que la situación de cada familia, de cada persona, es diferente, y es muy importante el análisis individual de cada circunstancia. Está muy estudiado en literatura financiera que la sobrerreacción a malas noticias es mucho mayor que a las buenas. Eso es muy importante en el sentido de que cada familia, cada inversor, tiene que tener muy claro su grado para soportar pérdidas y ese grado sí que es individual, (lo que es bueno para mi vecino igual no es bueno para mi).

Te enumeramos, a continuación, algunos otros sesgos que pueden alterar nuestra conducta y que se explican en la guía de la CNMV:

  • Ilusión de control.
  • Anclaje.
  • Efecto halo.
  • Prueba social.
  • Descuento hiperbólico.
  • Statu quo.
  • Predisposición al optimismo.
  • Falacia del coste hundido.

¿Podemos mitigar esos sesgos?

Claro que sí, y además ¡sin demasiado esfuerzo! Es cuestión de planificar y seguir unas pautas de actuación, una especie de protocolo en la toma de decisiones. Seguro que estamos de acuerdo en que la parte emocional es muy importante y que la mayoría de nuestras decisiones están influenciadas por procesos intuitivos. De hecho, no deberíamos renunciar a los mismos, son “la salsa de la vida”.

Pero desde FxM lo que pretendemos es que los sesgos anteriores no inclinen la balanza hasta el punto de que nuestras decisiones financieras lleguen a ser erróneas.

Para ello enumeramos algunos consejos que pueden sernos útiles en ese sentido, y que desde el asesoramiento profesional tienen protocolizado como sencillas claves con las que lograr nuestros objetivos financieros:

  • Tener muy claro cuál es mi objetivo financiero. Probablemente el objetivo principal común sea llegar a la etapa de jubilación con las necesidades básicas cubiertas, garantizándonos una calidad de vida adecuada en una etapa cada vez más larga y que debería ser placentera para todos. Pero hay objetivos intermedios muy importantes a lo largo de nuestro ciclo vital. Planificar, en la medida de lo posible, es gran parte del éxito. ¿Estoy preocupado porque mi objetivo financiero no choque con los intereses generales? ¿Me preocupa la sostenibilidad de las generaciones futuras? Cuestiones muy importantes desde hace algunos años y que, por supuesto, tienen su traducción en nuestro comportamiento vital y, por ende, en muchas de nuestras decisiones financieras (eficiencia energética, finanzas sostenibles, contribución al cumplimiento de los ODS).
  • Saber cuál es mi grado de aversión al riesgo. Hay inversores que prefieren no arriesgar y renunciar a una posible rentabilidad adicional. Existe el inversor contrario, el que está motivado hacia el riesgo y no le importan situaciones de incertidumbre intermedia en términos de rentabilidad. Son temas incluso regulados en cuanto al tipo de producto que se debe ofrecer a cada perfil (MIFID y sucesivos).
  • Tener clara también la situación de la que partimos, que no siempre coincide con lo que podría ser nuestro objetivo financiero. Lo que hay detrás de esta idea es que estudiemos muy bien cuál es nuestra situación personal y profesional antes de cada decisión financiera. Alinear nuestro momento vital con nuestros objetivos financieros es de suma importancia. No es lo mismo una decisión tomada a los 25 años, que a los 55 o a los 70. Es una obviedad, sin duda, pero de tal importancia que nos gusta insistir en ello.

Debemos estudiar, asesorarnos sobre las diferentes posibilidades una vez tengamos claros los puntos anteriores. Los productos financieros, ya sean de gasto, ahorro, o inversión, pueden ser analizados desde muchas perspectivas, no te dejes llevar por sólo una. Busca alternativas y sopesa los pros y los contras de las distintas opciones. Comprueba siempre lo siguiente:

  • Me interesa un producto, pero ¿he leído toda la información sobre el mismo?
  • ¿Estará toda la información, o debo solicitar en diferentes medios?
  • ¿Lo entiendo? ¿Conozco los riesgos? ¿Me encaja con el horizonte temporal que tengo previsto en mi objetivo financiero?
  • ¿Encaja en mi perfil?

En la toma de las decisiones financieras, resulta especialmente importante adquirir una educación financiera desde la infancia y a lo largo de toda la vida. Aunque no debería ser así, los momentos de crisis ponen de manifiesto la importancia de este tema. Los principales organismos económicos internacionales muestran desde hace muchos años la preocupación porque haya un grado de avance en esta materia, y así se ha transmitido en todos los países de nuestro entorno.

En definitiva, ¿tenemos que elegir entre ser inversores racionales o emocionales? Un poco más de la importante relación entre la economía y la psicología para entender el comportamiento humano

No necesariamente. Asumimos que todos vamos a tomar nuestras decisiones con un componente irracional, o emocional, y esa toma de conciencia es una de las grandes aportaciones de otras disciplinas a las finanzas tradicionales, exclusivamente enfocadas desde los principios de la teoría económica, rentabilidad ajustada por riesgo, que ya propuso Markowitz en los años 50 en sus principios de Teoría de Carteras.

Ya en aquella época, hubo economistas que ponían en duda la racionalidad de los individuos que toman decisiones en condiciones de incertidumbre y fueron el inicio de lo que denominamos las finanzas conductuales. Un ejemplo es la paradoja de Allais, con dos experimentos que ponían de manifiesto cómo las personas toman decisiones de forma inconsistente. En el primero los inversores preferían un rendimiento menor pero más seguro, y en el segundo optaban por un retorno mayor pero bastante más improbable… muchas de las finanzas conductuales se basaban, y aún lo siguen haciendo, en experimentos con muestras concretas de población con características predefinidas, ya sea por razón de contextos socioculturales, zona geográfica, edad, o cualquier otro.

Pero la economía conductual cobró especial relevancia a raíz de la concesión en 2017 del Premio Nobel de Economía a Richard Thaler, precedido por el que había recibido Daniel Kahneman en 2002, más desde la perspectiva de la psicología. No son perspectivas contrapuestas, son complementarias para el análisis de una situación tan compleja como es la toma de decisiones. Aunque no siempre es fácil de introducir la psicología en los modelos tradicionales de finanzas, es indudable que aporta mayor riqueza analítica y herramientas experimentales para tratar de comprender el comportamiento humano.

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