James Heckman – Premio Nobel de economía del año 2000

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Encuestas, Marketing y Educación Infantil 

En el año 2000 los galardonados con el premio Nobel de Economía fueron dos investigadores de los métodos estadísticos aplicados a los comportamientos individuales. Tanto James Heckman como Daniel McFadden se han dedicado a estudiar lo que podríamos llamar microeconometría. 

Las encuestas, los estudios de mercado y el análisis de las respuestas a diferentes estímulos del marketing, de la publicidad o de los programas políticos, forman parte del interés preferente de diversos colectivos. Heckman aborda especialmente la representatividad de las muestras elegidas. 

Muestras selectivas y sesgos estadísticos 

Cualquier muestra que no sea estrictamente aleatoria presenta sesgos que la convierten en no representativa. Si se pregunta a los trabajadores, por ejemplo, sobre la equidad de sus salarios, está claro que hemos dejado fuera de la encuesta a todos los sujetos en paro. En una encuesta telefónica, los que se niegan a responder forman un colectivo tan notable como el de los que sí responden, sin olvidar que según la hora en la que se produzca la llamada los entrevistados pueden pertenecer a uno u otro determinado perfil social. 

Heckman se introduce en la problemática relativa a la selección de las muestras y aplicando un sofisticado aparato matemático trata de adecuar las respuestas obtenidas al resultado que se habría conseguido en el caso de que la muestra fuese realmente aleatoria. En este sentido aplica conceptos como la “censura” o el “truncamiento” de las muestras para dar lugar a lo que se conoce como “la corrección de Heckman” y que hoy se aplica de forma generalizada. 

El mundo de las consultas condiciona numerosas estrategias y de los posibles errores de planteamiento pueden derivarse resultados empresariales catastróficos, o derrotas políticas contundentes.  

Siendo importantes las aportaciones de Heckman a las técnicas del marketing y a todo lo referente a la llamada “cocina” de los datos, su adjudicación del Nobel podría haberla obtenido algo después por sus trabajos sobre la educación infantil.  

La extraordinaria rentabilidad de la educación infantil 

Leyendo un artículo sobre el conocido como programa Perry, realizado en una localidad de Michigan en 1962, Heckman se interesó por el resultado de aquel experimento que según el dictamen oficial no había tenido éxito. La razón de este fracaso consistía en que el coeficiente intelectual del grupo que había recibido atenciones especiales durante su infancia era prácticamente el mismo que el del grupo de control con tratamiento estándar. 

Sin embargo, analizando la trayectoria seguida por los individuos de cada grupo, cuarenta años después, Heckman encuentra diferencias extraordinariamente significativas entre los componentes de los dos grupos de aquel colectivo. 

Es verdad que el coeficiente intelectual de ambos grupos apenas difería, pero esta circunstancia corresponde a un elemento genético y aleatoriamente distribuido; sin embargo, aspectos como el desarrollo profesional , la adaptación social, el grado de autoconfianza, la motivación para el estudio, así como la tendencia hacia la conflictividad, los embarazos adolescentes o el abandono escolar, sí presentaban desviaciones significativas estadísticamente, netamente favorables para el grupo que había recibido cuidados especiales. 

Durante los primeros años de vida los niños tienen una mayor sensibilidad para el aprendizaje. Alcanzan objetivos asombrosos para las limitadas capacidades que se les suponen. Aprenden a hablar, a caminar, a amar y a confiar en las personas y últimamente han desarrollado una especial habilidad en el manejo e interacción a través de pantallas digitales. Es una etapa de la vida que se debería considerar crucial, pues condiciona el desarrollo posterior del individuo. 

El informe Perry es muy significativo y abre un debate sobre las políticas educativas durante la primera infancia. Es cierto que es preciso esperar largos años para comprobar estas suposiciones, pero son muy congruentes con las hipótesis que soportan esta tesis. 

Heckman defiende apasionadamente esta política y llega incluso a cifrar la rentabilidad esperada por la inversión en esta fase de la educación infantil. Se supone, que al igual que los otros aprendizajes generales -hablar, caminar, etc.- que no son diferentes en función de raza, sexo o extracción social, las nuevas facultades también serían adquiridas de forma indiscriminada, fomentando la igualdad de los individuos y su integración social.  

Como consecuencia de estas observaciones, no debería desatenderse la formación de los adultos, especialmente de los padres, en las técnicas apropiadas de formación infantil, así como destacar la importancia de lo que podríamos llamar educación por “ósmosis”, o recepción de estímulos en el hogar y no solo en escuelas y guarderías. 

Si desde el punto de vista económico estas consideraciones apuntan hacia una rentabilidad muy alta, desde el ángulo social ésta no lo es menos. Afortunadamente, en el año 2010, la UNESCO ha tomado conciencia de la importancia de este tema y ha celebrado en Moscú su Conferencia AEPI, sobre la Atención a la Educación de la Primera Infancia, con la asistencia de 193 países y en la que se ha llamado la atención sobre un asunto  que esperemos que atraiga el interés de familias, gobiernos, agencias internacionales, universidades y por supuesto investigadores, que continúen estudiando científicamente todo lo que afecta a nuestros primeros días.

Para conocer un poco más a fondo sobre cada uno de los galardonados recuerda que puedes consultarlo todo en el libro ‘Una corona de laurel naranja’ o entrando al siguiente blogJosé Carlos Gómez Borrero

 

José Carlos Gómez Borrero

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